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Autor: Lucy Carrizo.
Comunidad: Los hijos del corazón.
Quiero contar mi experiencia. Me llamo Luciana. Tengo 28 años, soy soltera, sin hijos. Soy odontóloga. Me especialicé en la atención a niños discapacitados.
Las primeras prácticas las realicé en el Hogar de Niños del Padre Aguilera, donde viven unos treinta niños con discapacidad que no tienen papás biológicos. Abiertos cien por ciento a recibir amor, abrazos, caricias, risas y hasta de nosotros los dentistas, a los que tanta gente temen.
Los niños están a cargo de una mamá. Ellas los aman, los cuidan como verdaderas madres: los visten, los alimentan, los bañan, en fin… todo, porque la mayoría de ellos, están acostados impedidos de realizar cualquier acción.
Me encontraba triste, por la enfermedad de mi padre, cuando volví a visitarlos. Al entrar de nuevo a la casita, mi corazón empezó a latir a gran velocidad… Al verlos tan ilusionados por nuestra visita, no pude contener mis lágrimas. Pero la mayor sorpresa llegó después.
En un rinconcito había una nenita agachadita en cuclillas, mirando hacia la pared, solita. Me acerqué a ella, me miró.
La mujer que la cuida me contó que Carolina, de 17 años, estaba pasando por un cuadro de bulimia nerviosa, a demás de su parálisis cerebral, enfermedad con la que había nacido y razón por la cual los padres no habían querido hacerse cargo de ella.
Seguimos conversando, le comenté que desde la enfermedad de mi padre, yo también había bajado de peso… y allí ocurrió el milagro: Carolina, que no habla… y supuestamente “entiende poco” se puso de pie. Nuestros ojos se encontraron.
Con mucha dulzura extendió los brazos, dio u salto y me abrazó. Quedó como colgada de mi. Yo la abracé muy fuerte. Sentí un fuego que recorrió mi cuerpo. Me senté en un banquito, con ella en “upa” y abrazada lloré por más de media hora.
No puede usar su boca para hablar, pero habla con el corazón. Y sabe amar… Sentí que me estaba dando el abrazo que tanto necesitaba en esos días. Yo no me quería despegar, ella tampoco. Entre sonrisas y lágrimas le dije muchas veces: gracias, gracias, Caro por tu abrazo… Supe que me entendía.
Cada vez que revivo sus abrazos… me pregunto: ¿A dónde están sus discapacidades? ¿Cuántas Carolina estarán esperando una sonrisa, una caria… un padre y una madre que las amen de verdad? ¿Cuántos padres sufriendo en soledad mientras ellos los esperan para amar? ¿Cuántos abrazos que esperan por abrazar? ¿Cuánto tiempo más resistirá mi corazón esta “absurda” espera?
Lucy Carrizo. email: lucycarrizo@hotmail.com
“Con esta historia comienza un nuevo espacio titulado: Los hijos del corazón, creado para que papás e hijos adoptivos cuenten sus historias y, para que, muchas Carolinas encuentres unos papás a quien poder abrazar. Pablo Córdoba.