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Dios No es indiferente ante tus problemas y dolencias.
No es un anciano que pasea por los jardines eternos, sino un padre que interviene para que sus hijos se fortalezcan en la adversidad.
Vivimos convencidos de que es un dios lejano y que su paternidad es simbólica. Cuando en realidad es Dios y Padre al mismo tiempo; y, estando a tu lado, también está en el Cielo.
Debemos tratarlo como un niño que, de noche, le pide a su padre que deje la luz prendida; que busca su mano cuando ladran los perros. ¿Qué te hace pensar que es capaz de negarte su luz y consuelo?

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Haz el intento: dile que tienes miedo. Reconoce tu debilidad y recuérdale que solo no puedes hacerlo …y verás, que sin ruidos de palabras, encenderá la luz de tu alma, acercará su mano y te dará Su consuelo.
Dios no es un relojero que hizo andar el Mundo y se acostó a dormir la siesta. ¡Ése no es el Dios que por amor hizo el Universo y que envió su Hijo a la Tierra!

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Tu amigo escritor.