Seleccionar página

 
Tal vez te pase como a mí, que en cuanto estoy a oscuras… desespero. Salgo a buscar consuelo en otros hombres y sobreviene la decepción. Olvido que las personas buenas también ponen obstáculos, susurran, ofenden, ¡se equivocan!
Olvido que el fracaso es la prueba que antecede al éxito. No acepto que el verdadero consuelo se encuentra en Dios.
-Suena muy bonito, ¿pero cómo se consigue su consuelo?

Bastará con que digas:
«¿Lo quieres? Yo también lo quiero. Pero ayúdame, que solo no puedo.»
Éste es el secreto para convertir el dolor una flor: pedirle fuerzas a Dios y amar a los que están cerca: familia, amigos, médicos, enfermeras…
¿Le has dado las gracias a quienes te cuidan? ¿Has compartido tus experiencias con el que recién comienza el tratamiento? Te aseguro que, cuando lo hagas, habrás convertido tu dolor en algo bueno: en una flor. Gestos cálidos y sencillos capaces de inundar el ambiente con el perfume de la alegría.


Quiero comenzar a leer este libro, porque me gustaría comprarlo