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No estaba dispuesto a aceptar esa vanas verdades. Rompí el silencio y le dije al Amor sin más vueltas:
–Estos no son temas para mí. No logro entenderlos. Son asuntos para bichos raros: filósofos, teólogos… Yo no entiendo nada. Tuve un amigo que le gustaban estos asuntos complicados. ¡Pobre infeliz! Ni siquiera el más inteligente, entendía sus planteos y preocupaciones. Yo tampoco.
–¿Aún no has comprendido?
–Cuanto más razono sobre la existencia de Dios o sobre el sentido del dolor, menos comprendo. Ni siquiera logro dar con el sentido de mi propia existencia. Ni siquiera eso…
–Tengo que darte la razón. Para entender los planteos de la existencia humana no alcanza con la razón y el corazón. Pero no te exijo que los resuelvas ahora. Sólo te pido un cambio de actitud. Sin ese cambio, jamás resolverás el problema de la existencia humana, ni el de Dios ni de nada. ¿De acuerdo?
–No sé de qué estás hablando –le confesé.
–Conocés la repuesta. ¿Qué decía tu amigo cuando lo mirabas con cara de no saber de qué hablaba?
–Me decía que no pusiera la cara que tienen las vacas cuando ven pasar al tren. Y renglón seguido agregaba: “digo vaca por no decir hombre moderno, y digo tren por no decir la fe”.
–Clarísimo.
Lentamente nacía un extraño silencio.
Ahora tu reflexión:
¿Qué falta para entender y resolver los planteos de la existencia humana, los problemas de MI existencia? ¿Qué, para encontrarle el sentido adecuado a mi vida?
Te doy un dato importante: la fe es la luz, el conocimiento sobrenatural, que ilumina el entendimiento humano para que sin ver podamos entender y creer lo que Dios nos revela.

Seguramente habrá muchas cosas del mundo y de tu propia existencia que no entiendas. ¿Te gustaría entenderlas? ¿Te gustaría desvelar algunos misterios de la existencia humana?
Pablo Córdoba