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Querida amiga:

Durante este tiempo no te tuve en cuenta. Por atender a los míos, te dejé a un costado. Cuando abrí los ojos ya era tarde. Estabas tiste. Te sentías sola…
¿Cómo no te ibas a sentir mal?, si pasaste años esperando lo que no llegaría. Tú en la espera y yo a las corridas.

De pronto, mis horas quedaron vacías. No tengo tantas obligaciones ni que correr todo el día. Las tardes se me hacen largas y, por momentos, extraño el barullo y la compañía.

Entonces miro hacia adentro y me encuentro conmigo misma. Allí te veo callada, con tu tímida sonrisa. Aguardando una palabra, al menos una caricia mía.

No puedo más que pedirte perdón. Y unirme a ti en alianza de amistad perpetua. En adelante quiero ser tu brisa de primavera y el motivo de tus alegrías. Ser tu mejor amiga.

¡Cómo es la vida! Tuve que estar sola, para encontrarme conmigo misma. Tuve que cerrar los ojos para ver tu sonrisa. Tuve que pedirte perdón para recuperar mi alegría.

Hoy le doy gracias a Dios por nuestro encuentro. Y celebro la dicha de ver que, el amor que ahora nos une, nos mantendrá por siempre unidas.

Tu amiga de toda la vida.

Esta carta esta basada en el testimonio y en la vida de María Pía Alesio, una amiga entrañable que hoy sonrie desde el Cielo. Te pido una oración por el eterno descanso de su sonrisa.