Seleccionar página

Querido amigo</strong
Aunque no te conozco, te escribo estas líneas en la esperanza de te sirvan para juntar coraje y te decidas a tomar las decisiones que ayudaron a cambiar mi vida.

Todo comenzó cuando me enviaron de regalo un libro digital. Por esos días estaba atravesaba los últimos tramos de una larga crísis de fe que duró unos ocho años. Me sentía vacía, con ganas de hacer algo al respecto y al mismo tiempo estancada. Me sentía sola.
Nací en un hogar Católico. En mi adolescencia incursioné en varios de los grupo católicos, hasta que descubrí que en ellos también existía la hipocresía y la falta de coherencia. Decepcionada me alejé de la Iglesia. Durante este tiempo ahuyenté a cualquiera que osara hablarme de religión. ¡Yo me sabía todas las respuestas, todos los discursos y todas las vías de escape!
Pese a mis dichos, ansiaba volver a creer en el Dios Todopoderoso de mi niñez, en el Amigo Siempre Fiel de mi adolescencia. Pero, me resultaba difícil encontrar a alguien que me diera el empujoncito que necesitaba para volver a frecuentar la Misa dominical, previo de disfrutar del Sacramento de la Reconciliación.
Ansiaba ser conquistada en la discusión y enamorarme de nuevo de Jesús. Necesitaba a alguien que me ganara en una discusión mano a mano, un duelo de sesos que me demostrara que estaba equivocada. Era demasiado terca y soberbia como para pedir la ayuda. Pero la ayuda llegó.
¿Sabes cómo termina la historia? Termina como comenzó esta carta: cayó un librillo de Pablito Córdoba en mis manos, y recibí el empujoncito que andaba buscando. Después de leer Cómo Encontrarte con Dios, me arme de valor y me fui a confesar. Volví a la Misa de los Domingos, recuperé aquellos momentos de intimidad y oración con mi Fiel Amigo. Cristo volvió a ocupar su lugar en mi vida.
Le escribí un mail de agradecimiento a Pablo. Nos hicimos amigos y, aunque no nos conozcamos personalmente, se convirtió en alguien muy caro a mis afectos. Le estoy agradecida por sus palabras, ya que me mantienen por la senda que jamás debí haber abandonado y, que gracias a sus libros volví a encontrar.
Un abrazo en Xto. Y espero te sirva, María José, Santa Fe – Argentina.