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Autor: Corina
En medio del camino de Gracia de este último tiempo en mi vida, Dios una vez más habló:
Hará cosa de tres meses para la fiesta patronal de Pilar, sin pensarlo quedé frente a frente con María Pía, tras confundirla con alguien de mi comunidad parroquial (maría del pilar ya nos quería unir), le doy un beso y le digo que hacía mucho tiempo que quería saludarla y acercarme, pero que no me había animado.
Yo la veía en cada Misa, pero el no ser conocida de antes me trababa para acercarme, no quería invadirla, sentía que yo no tenía el derecho que tenían sus amigos de siempre, ella me dijo que ya lo sabía y que no tenía ningun problema que la visitara.

A partir de esta invitación comenzaron los encuentros, las charlas. . . Yo iva gustosa, me encantaba compartir la vida con ella, la enfermedad no era el centro, ambas poníamos en común lo que teníamos por esos días.
Tuvimos tiempo para todo en un mes: charlas profundas, llegando a la esencia de cada cosa y de cada una, las experiencias de dios, le hablé del amor del padre, del hijo, del espiritu santo, de la virgen, de lo que yo sentía, de lo de todos los días también hablamos, pero desde lo más profundo, ella hacía lo mismo. Me dijo que después de la enfermedad empezó a vivir verdaderamente, a conocer el verdadero amor: familiar, fraterno, “divino”. Hasta me dijo que si hubiese nacido hombre querría en esta etapa ser Sacerdote.
María Pía ahora amaba la vida, la verdadera, rezaba el Rosario comunitariamente todas las noches y el decir de ella expresado en una carta:
«…ya no hay nada que me turbe, ahora espero confiada en “Él”.
Por todo esto luego del aviso de un familiar, que maría pía ya no volvía del hospital como otras veces después de regular la medicación para calmar el dolor, y que entraba a terapia, me permiten porque ella así lo quiere, ir a verla.
El 23/12/05, haciendo dos días que no nos veíamos, entré a este lugar, la saludé y estuve cerca sin saber que hacer o decir, solo sintiendo enormemente el amor que Dios había sembrado en medio nuestro, antes de irme ese día le dí su regalo de navidad: un denario y una tarjeta que decía lo siguiente:
«Un amigo es esa otra persona con la cual podemos compartir nuestra vida, nuestro silencio y nuestra oración. Con un amigo no tenemos que decir ni hacer nada especial. Con un amigo podemos permanecer en silencio y saber que Dios está allí, con los dos.» Henri nouwen
Este es el estilo de amistad que quería ofrecerle y que sentía que ella me regalaba.
Durante una semana fui día a día, a estar con ella a su lado o en el pasillo, día a día pude bendecirla (desearle el bien) , también pude decirle al oído que la quería, que jesús la amaba y ella me habría los ojos. Día a día pude ir viendo y conociendo “todo” de ella.
Lo que el tiempo y la enfermedad no nos habían permitido compartir se resumió en esta semana, advertí su escencia, porque un enfermo en este estado queda totalmente despojado de toda “careta”, se vé todo, el carácter, el corazón, el cuerpo con todas sus miserias, y eso me permitía elegirla como amiga con plena libertad una vez más.
Una mañana me levante y le escribí esto:
María Pía me dijiste tantas cosas. . .
Mientras no hablabas
Me lo decían tus ojos
A veces entre abiertos
A veces cerrados
Me lo decía tu mano
Cuando dejabas que yo la sostuviera
Me lo decía tu vida nueva
Llena de otra luz
Me lo decía tu murmullo:
– ¡qué hermoso!, ¡qué hermoso!,
-¿qué es hermoso maría pía? (le prenguntó la madre que estaba junto a mi, mientras ella dormía).
-Dios. Nos respondiste sencillamente. Y, seguiste descansando en Él, plenamente despojada en sus brazos.
Gracias amiga, gracias por tu testimonio.
En silencio que me dice más que mil palabras
¡Te quiero!
(no se lo pude leer, solo le dije del escrito). Pero ella ya lo conoce, se lo leí después en el sagrario.
María Pía falleció el 31/12/05 alrededor de las 7:00 de la mañana. Yo no estaba allí, no era la voluntad de dios, yo la esperaba en pilar, realmente fue una muerte que habló, creo que la muerte de pía hace honor a este estribillo de una canción: … Se como el grano de trigo que cae en tierra y desaparece, y aunque te duela la muerte de hoy, mira a la espiga que crece. . .
¿Saben? La mamá le puso el denario que le regalé.
Todoslos de la comunidad coro fuimos a la parroquia a prepararnos para cantar, cuando el cuerpo de pía entro acompañado por sus seres queridos, cantamo! S todos movidos por el mismo espíritu el “credo de la alianza” el clima de celebración prevalecía, el sacerdote dijo que ella se había preparado y que nos había dejado un testimonio de vida.
Acompañé a la familia hasta el cementerio y. . .
. . . Y no tengo dudas que fue una gracia enorme conocer a pía, su vida, su muerte, su nueva vida. Pero el dolor también cala hondo al decir del sacerdote que me escucho y habló conmigo en cura brochero:
-tuviste una experiencia muy profunda, la herida de la separación es también profunda, dios tiene que sanar llegando hasta esa profundidad y eso es lentamente. . .
Hoy 9/02/06, mi mirada sobre lo que viví va cambiando, se va enriqueciendo cada vez más, el dolor se atenúa, dándole lugar a la alegrìa de tener una amiga que intercede por mí y por todos en el cielo.
Me costó mucho decidirme a e! Scribir esta experiencia pero ojalà sirva para que puedas mirar como estoy aprendiendo yo, la amistad y el amor mas allá de la muerte. Gracias.
Corina.
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