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Progreso de Tópico:
Armoniza tu vida personal con el trabajo

En la compañía lo más importante eran las ventas. Había que vender, vender y vender.  

Con tal objetivo, desde la sede central se capacitaba a los líderes de cada área en las técnicas para manejar a los productores, asesores o como quieran llamarles, en lo referido a las ventas.  

El nombre no importaba: todos éramos “vendedores”. 

La empresa prestaba servicios las veinticuatro horas, los siete días de la semana. No había domingos, días feriados, ni día del trabajador para descansar.  

No éramos empleados, sino asociados. Formábamos parte de la empresa sin depender de ella. En realidad dependíamos de las ventas. El que vendía permanecía y el que no, se tenía que marchar.

Al comienzo del período se establecían los objetivos. Todo se medía según los rendimientos. Quien no producía lo planificado, tarde o temprano, quedaba afuera.  

Una vez despedido, dejabas de “pertenecer” a la prestigiosa compañía. Te quedabas sin el pin y sin el logo. Sin los cursos en el exterior, sin las tarjeta de crédito y sin la fiesta de fin de año…

Toda una tragedia en una sociedad donde las personas valen por lo que poseen, no por lo que son. Donde los éxitos laborales gozan de gran prestigio y los familiares, de ninguno.

Pero no importaba si por el trabajo, uno se quedaba sin vida personal, sin cónyuge, sin hijos… Si por lograr el éxito, fracasabas en el amor, a nadie le preocupaba.

Reflexión

Si para alcanzar tus objetivos laborales has descuidados los personales y familiares… Si por trabajar más horas has cedido el tiempo para estar con tus afectos… tarde o temprano estarás en problemas. 

Si estás perdiendo comunicación con tu familia. Si has canjeado tus sueños personales por los profesionales, te será muy difícil triunfar en la vida: tener éxito familiar. Ser amado y cuidado en el futuro.  

¿No te parece un precio demasiado elevado el que estás pagando? ¿Por que no buscas un plan de cuotas, un equilibrio donde las exigencias laborales no acaben con tu vida?  

Me dirás que trabajas todo el día por necesidad, y te creo. Pero todos esos bienes por los que trabajas no te hacen feliz. ¿No será que para poder ser feliz, deberías trabajar en otros asuntos de tu vida y no más horas?        

Es imperante no perder el trabajo; pero hay otras cosas que estás perdiendo por el trabajo. ¿No es más preocupante haber perdido la fe?  

¿Cuántos lo han perdido todo, por dinero, prestigio y logros laborales? ¿No desearás ser uno de ellos, verdad? ¿De que te sirven los bienes, si por conseguirlos pierdes tu vida?        

“Para que conquistar el mundo entero, si a cambio pierdes el alma”, le decía Ignacio de Loyola a su amigo Francisco Javier, citando al Evangelio.                  

Volver a la calle a buscar trabajo sería fatal. Pero me parece que más triste será si, en el atardecer de tu vida te encuentras desocupado en el amor y con la carpeta curricular de tu vida debajo del brazo. 

Debes alcanzar un equilibrio entre lo laboral y lo personal, el trabajo y la familia. Armonía y no supremacía de una sobre otra. Trabajo y persona, empresa y familia reconciliados en una misma persona feliz: tú.

Confía en el Señor, espera en el Señor. No pierdas la paz, conserva la alegría en el corazón y no desesperes por las cosas que aún no han llegado… Ya han de llegar. ¡Espera en el Señor! ¡Sé fuerte!      

Define y enumera tus objetivos personales

1° Te invito a pensar en los objetivos personales.

Ejemplos:

  • Formar una familia.
  • Gozar de buen diálogo con mis padres.
  • Conseguir un buen esposo/a.
  • Acabar con una relación nefasta.
  • Responder a tu vocación de vida.
  • Cultivar algún arte.
  • Tener hijos.
  • Acompañar a mis padres.
  • Mejorar mi vida conyugal.
  • Gozar de tiempos de descanso.
  • Dejar de convivir para casarnos.
  • Desarrollar algún talento personal.
  • Tener mayor vida espiritual.
  • Hacer obras de caridad.
  • Cultivar buenas amistades.

2° Te invito a hacer un listado con TUS objetivos personales. 

 

Puedes enviarme un Whatsapp con la palabra: Ayuda.