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Progreso de Tópico:
Comienza el día con entusiasmo

Como todos los días sonó el despertador. Todavía dormido extendí el brazo y lo apagué. Con la misma mano encendí la radio. Así comencé mi día: medio dormido, pero bien informado.                                   

Sobre la silla estaba todo lo que necesitaba: la camisa, el pantalón, la corbata y los zapatos nuevos. Sólo tenía que asearme, vestirme y salir para el trabajo.

Después del tema musical anunciaron el pronóstico del tiempo para esa jornada. Decidí ponerme el abrigo, dejarle el coche en casa y salir en la moto.

A los diez minutos, estaba listo: las llaves en el bolsillo, el móvil en la cintura y la billetera en la mano.  

Como todas las mañanas, pasé a la cocina. Tomé un café y con un “hola” saludé a mi novia, mientras ella abría el refrigerador y se quejaba porque no había leche.

Las cosas no estaban tan bien como al comienzo. Había problemas por el manejo del dinero. No quise comenzar la mañana con más riñas, por eso decidí no decirle nada. 

Me preguntó si, después del trabajo, podía pasar por el supermercado y hacer algunas compras.

–Llevamos varios días sin leche y hacen falta algunos artículos de limpieza. Sobre la mesa está el listado –me dijo sin esperar de mí una respuesta.        

Hacía tiempo que convivíamos. Ambos éramos ya mayores y de común acuerdo habíamos decidido vivir un matrimonio a prueba para ver los resultados.

Así comencé la jornada, como todos los días; sin saber que ese no era un día cualquiera, porque en horas, mi vida cambiaría por completo.

Reflexión

Soplo sobre ti para transmitirte la paz que llevo conmigo. Yo soy quien vivió esta historia y te la iré contando con preguntas y reflexiones para que le puedas sacar un mayor provecho.

¿Cómo comenzaste tu jornada de hoy? ¿Eres de lo que apagan el despertador y siguen durmiendo y quedan obligados después a hacer todo a las apuradas o eres de los que saltan de la cama?

¿Eres de los que apenas abren los ojos encienden el televisor o la radio? ¿Para qué comenzar el día tan informado? ¿No sería mejor comenzarlo de otra manera? ¿Qué tal con una breve oración?

No pretendo meterme en tu vida, ni decirte cómo debes vivir, pero hay personas que por amanecer a las apuradas, amanecen con cara de limón. ¿No serás una de ellas, verdad?

Si hoy amaneciste a las corridas… no importa. Mañana tendrás la posibilidad de un nuevo amanecer, ¡no lo dejes escapar! Prueba con esta oración: “Señor mío y Dios mío, aquí estoy”.

Le damos mucha importancia a nuestra vida exterior (vestimenta, apariencia…) pero somos indiferentes con nuestra vida interior. Por eso nos cuesta tanto ser felices y quitarnos la cara de limón durante el día.

Busca por la mañana un momento de soledad y silencio para cultivar tu vida interior. En lugar de entregar los primeros minutos a los medios de comunicación, entrégalos a Dios.

Un momento para agradecer tu salud, sea mucha o poca; para proponerte nuevas metas, celebrar la vida. Recordar los propósitos y pensar en los cambios que a tu vida le están haciendo falta.

¿Cuántas veces en el apuro cotidiano salimos sin saludar a las personas con las que convivimos? ¿No sería mejor saludar a la mañana y tener al menos gestos de cariño con quienes viven en casa?

Busca un momento para dialogar, para manifestar afecto, para contar tus necesidades y problemas, para compartir tus logros y alegrías. Para escuchar a tus seres queridos, porque les hace mucha falta.

Avanzarás con la lectura y te irás llenando de optimismo. Si estás dispuesto a cambiar los cristales, al finalizar este relato verás tu vida con otros ojos y, aunque nada haya cambiado, lo verás todo distinto.

Arranca con fuerza

Querido amigo: 

Reconozco y destaco tu valentía. La audacia de animarte a dar un paso hacia tu interior, para ver que debes cambiar y así llegar a ser esa persona que deseas llegar a ser. 

Pero lo cierto es que, todos nuestros esfuerzos por ser felices, no son suficientes. Puede que sean varios los fracasos que te precedan, los problemas en los que te has metido y que sientas el cansancio, no solo físico sino también espiritual. 

Todo me hace pensar que ha llegado el momento de reconocer que solos no podemos. ¡Que solo no puedes!  Necesitas ayuda, para recuperar fuerzas, el entusiasmo de años atrás, pero sobre todo la sabiduría para tomar decisiones ACERTADAS y la fuerza para llevarlas a cabo. 

Ha llegado el momento de pedirle ayuda a Dios. Y para retomar o iniciar el diálogo con Él, te propongo que a partir de mañana, comiences tus días con una pequeña oración.  

  •  Te invito a pensar en una frase corta, pero sentida, que salga de adentro… y como salga. Decirla con los labios, pero también con el corazón. 

    Te dejo algunos ejemplos:

«Señor mío y Dios mío, aquí estoy».

«Ayúdame mi Dios, a vivir todo con todo».

«Gracias por este día. Dame Tu ayuda para salir adelante, para no caer en las mismas trampas y a romper las cadenas que me atan».

Mejora tus relaciones en casa

La invitación es a reflexionar sobre el modo en que te vinculas con quienes conviven contigo, por la mañana.

Permítame que te pregunte:

¿Qué detalle de cariño podrías incorporar?

Ejemplos:

  • Saludar con una sonrisa.
  • Preparar el desayuno para los demás.
  • No arrancar a las apuradas, sino previendo un amanecer mejor.
  • Despedirte con un beso.

Compromiso:

  •  No amanecer con cara de limón.
  • Usar palabras de cariño.
  • No empezar con riñas.
  • Preguntar, ¿qué puedo hacer por vos?

 

Agéndame y mándame un mensaje con la palabra «Hola». 

Deseo inciar un diálogo contigo.