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Progreso de Tópico:
Trabaja feliz, sin importar lo que hagas

Minutos antes de las nueve estaba atravesando la puerta principal para cruzar el hall centrar y pasar mi tarjeta. Así lo hice. 

El personal de limpieza hacía lo suyo, mientras esperaba el ascensor. Se abrió la puerta. Ingresé junto a dos compañeros y subimos comentando sobre el programa de televisión de la noche anterior. 

Llegué a mi escritorio, encendí la computadora. Mientras se abría Windows, tomé una moneda y fui por un café. Una de mis compañeras me saludó, mientras yo apretaba el botón de «café sin azúcar».

Sobre mi pantalla, aparecía el ícono del Messenger. Desde una ventana de diálogo, una amiga que vive en otro país me decía: «hola», mientras el programa me avisaba quienes estaban abriendo sesión.  

Revisé mis correos. Nada nuevo, salvo que por momentos me pareció escuchar a una dulce voz pronunciar mi nombre. Después de intercambiar saludos me despedí de mi amiga del Chat.  

Me disponía a trabajar, cuando sonó el teléfono y se me comunicó de una reunión. Asistí a la junta. Nada que realmente atrajera mi atención, pese a que con mi rostro decía todo lo contrario.  

Cuando regresé al escritorio, el café estaba frío, lo tuve que tirar.  

Debía hacer las llamadas de rigor. Comencé con el «speach» vendedor. La mayoría resultaron negativas y algunas favorables. Eso indicaba que las debía seguir haciendo.

Otra burbuja de diálogo se desplegó en la pantalla. Era un amigo que me preguntaba cómo estaba. Intercambiamos algunas bromas sobre fútbol, mientras yo fingía estar trabajando. 

Debía presentar el informe mensual. Acomodé algunos números, escondí los errores, le dí a la nota un sesgo de seriedad y se lo envié a mi supervisor por correo electrónico.     

Reflexión

Es tan inquietante el problema del desempleo que perdimos la capacidad de pensar en el trabajo por sí mismo. Pareciera que lo único significante es tener trabajo.

La manera en que trabajamos no parece ser un tema de interés. Pese a que dedicamos gran parte de nuestra vida al trabajo, pocas veces pensamos en la manera en que trabajamos.  

Piensa en el modo en que trabajas, ¿lo estás haciendo bien? ¿Lo puedes hacer mejor? 

Generalmente lo valoramos como un medio para obtener dinero, lucimiento personal, consideración social… No le damos otro valor distinto del económico. ¿Y tú, que valor le das a tu trabajo? 

Es raro que veamos a nuestro empleo, como el lugar donde podemos ser felices y al trabajo, como la actividad donde realizarnos como personas. ¡Todo lo contrario! Por momentos, parece un castigo. 

Creemos que consiguiendo más dinero o prestigio seremos felices, entonces: trabajamos todo el día para lograrlo. Al finalizar el día nos damos cuenta de que hemos caído en la trampa de la infelicidad. 

Si trabajas solo por el dinero, si encuentras excusas a la hora de hacerlo mejor, si no buscas la excelencia… Será necesario que cambies porque sólo quien da lo mejor de sí en su trabajo puede ser feliz.

Busca el modo de hacerlo bien, de principio al fin. Desconéctate de aquello que te distrae. No dejes crecer los inconvenientes y no entregues nada, sin antes haberlo revisado minuciosamente.   

Convierte las dificultades en retos, las observaciones en sugerencias, los errores en oportunidades. No te olvides del buen humor. Ríete de ti mismo, de las chapuzadas, de tu orgullo y soberbia.  

Procura hacer bien, lo que tengas que hacer. Planifica, revisa, corrige, pide ayuda… y te sentirás mejor en tu trabajo. ¿Te parece poco?  

Sólo así, podrás salir de la trampa de trabajar todo el día para poder ser feliz. Las consecuencias están a la vista: un infeliz a tiempo completo, en casa y en el trabajo.

¡Tú puedes ser feliz, la persona más feliz del planeta! Yo te ayudaré a descubrir cómo. Ya lo verás.   

Goza de los buenos recuerdos

Te invito a revisar tu pasado laboral. Recordando los gratos momentos. Los hitos importantes de tu trayectoria. Haciendo foco en lo bueno y provechoso de tus experiencias laborales.

Te propongo que hagas una enumeración, detallada. Una lista con tus logros, con las satisfacciones. Enumera esas experiencias, esos cambios que marcaron tu crecimiento. Aquellas decisiones importantes, acertadas, las que

Te animo a recordar y agregar los nombres de quienes como docentes, clientes, jefes, compañeros o colegas… colaboraron en tu crecimiento.

Incorpora en este listado los amigos, las relaciones sociales, los cursos de capacitación, los aprendizajes…

Este ejercicio es muy importante ya que te ayudará a tomar conciencia de todo lo bueno, lo positivo y provechoso que hay en tu trayectoria laboral.

Para que veas en ella, una fuente de alegrías y satisfacciones que te ayudó, no solo desde lo económico, sino también desde algo más importante: TU CRECIMIENTO Y DESARROLLO PERSONAL.

¿Qué harás para salir de tu trampa?

El engaño consiste en considerar al trabajo, exclusivamente, como un medio para ganar dinero y no ver que el trabajo puede convertirse en el ámbito natural para el crecimiento personal.

Y que ese desarrollo íntimo es causa de satisfacciones y alegrías. Fuente de felicidad, en definitiva.

¿Qué harás para salir de esa trampa que suele llevarnos a la infelicidad?

Elige un asunto que tengas pendiente, tan solo uno y comienza hoy mismo a desandar tu trampa.

Ejemplo: «Creo que mi trabajo solo sirve para conseguir dinero y lo hago como obligación.  Entonces trabajo a desgano, sin dar lo mejor de mí, para cumplir y desentenderme de mis responsabilidades cuanto antes…»

Indudablemente, esta postura es motivo de infelicidad, de tristeza, de frustración.

A partir de mañana, comenzaré a cambiar de ACTITUD. A mirar mis tareas, la gente que me rodea, el servicio que presto a mis clientes, a mis hijos… desde otro perspectiva.

Comenzaré a salir de la trampa de la infelicidad, buscando oportunidades para hacer bien mi trabajo una fuente de felicidad.

 

Agéndame y mándame un mensaje con las palabras «Quiero contarte«.

Deseo iniciar un diálogo contigo.