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Llegó el invierno y con él los días fríos. Subí a mi coche y salí a comprarme un par de zapatos de abrigo.
Ya en la zapatería me trajeron el calzado de mi numeración. Cuándo me lo sacaba con la uña rayé el calzado y quedó dañado. Por accidente llegué a la excusa perfecta para pedir un descuento.
¿No iba a dejar pasar una oportunidad de beneficiarme?
El comerciante accedió al 15 % de descuento por el supuesto fallo de fábricación, que en realidad yo había hecho adrede.
Llegué a casa y con un leve orgullo conté mi hazaña. Por aprovecharme de la oportunidad me había convertido en un corrupto.
Esta mañana regresé a la zapatería para reconocer mi error y devolver el dinero del descuento, que el comerciante recibió con gran sorpresa.
Digo esto, no para ponerme de ejemplo; sino para ayudar a la reflexión. ¿Debemos aprovechar todas las oportunidades?
Cuento esto para que, cuando tengas una oportunidad de sacar ventaja, de engañar, de beneficiarte injustamente… la dejes pasar.
No te dejes tentar por la ocasión. No cambies tus valores, aquello que aprendiste de tus padres… por un triste descuento.
Y, si ya lo has hecho: reconoce tu error y busca la manera de resarcir el daño. Esas son las verdaderas oportunidades que no debemos dejar pasar.
Pablo Córdoba