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Hijito de mi alma:
¡Quiero que seas un niño feliz. Un joven alegre y, el día de mañana, un hombre bueno!
Yo aprendí que, la felicidad no está en las cosas materiales. Si bien son necesarias. No son suficientes. No alcanzan. Procura la prosperidad, pero no te quedes aferrado al dinero ni a lo material…
Busca oportunidades para hablar con Dios de tus asuntos. ¡Cuéntale tus problemas! ¡Háblale de tus ilusiones y de tus alegrías! Pídele que te ayude a realizar tus sueños. ¡Cuéntales tus penas! ¡Él siempre responde!
Procura estar al servicio de los demás. Piensa en ellos, antes de actuar. Al momento de saludar, de escuchar, de dar consejo… Presta atención a sus necesidades. Nunca olvides de dar las gracias a quienes te ayuden.
La felicidad está en el amar a los otros. Yo nunca dejé de amarte y, pesa mis dolores, me siento muy feliz. ¡Feliz de ser tu madre!
Abraza tu proyecto de vida. ¡No abandones nunca tus sueños! Debes aprender a perder el miedo al fracaso, al que dirán, al ridí***…  A lo único que debes temer en esta vida, es a la posibilidad de no amar a nadie. ¡Huye del egoísmo!
Nunca dejes de hacer el bien, hijito, ¡Nunca!
Aférrate a la vida, como yo lo hago en estos momentos. No te dejes vencer por el desaliento. ¡Busca la manera de seguir adelante! Cueste lo que cueste, aunque sea con tu último aliento…
Si mis ojos no pueden verte… espero… guardes siempre este recuerdo contigo. Si algo me sucede en la operación, quiero que sepas que siempre estaré contigo: cuidándote, dándote mi cariño… Adiós, hijito mío.
Tu mamá.


Te cuento:
Esto dejó escrito una mamá que murió horas después de haber dado a luz a su primer y único hijo.
Aquella noche que la asistimos, con el Servicio Sacerdotal de Emergencia, no imaginé que sería el encargado de difundir este mensaje por el mundo, con la esperanza de que su hijo, algún día lo lea. Si te parece puedes difundirla, tal vez, además de llegar hasta él, podríamos llegar a muchos jóvenes que le pueden hacer bien estas palabras.

Pablo Córdoba.