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…Escribir tu nombre en el corazón de quien amas será uno de los gozos más intensos del alma – añadió el Amor–. Uno de los deleites que te hacen sentir que aún vives; que vale la pena hacer feliz a los demás.
Arriesgar el corazón es propio de las personas bien nacidas, los tibios no se animan a dar-se, a jugar-se, por miedo a sincerar el alma o a no ser correspondidos. Pobres ingenuos que ni siquiera imaginan que han nacido para perder su vida en este esfuerzo. Para eso está el hombre en la Tierra: ¡para dejar su vida en ella!
Cada uno debería dejar su huella. Un vestigio que demuestre que la vida no ha sido un desperdicio. Triste sería que, después de muerto, la placa en el cementerio diga: «Pasó por la Tierra sin dejar nada. Comió montones de alimento, respiró el aire que consume un cardumen de peces en diez años, tomó cantidad de agua; pero no sirvió para nada.»
–Eso fue lo que le ocurrió a mi alma por tenerle miedo al dolor: quedó sin ser gastada, nueva, sin estrenar. Jamás me jugué por nadie ni por nada. En esto, el reproche de la Felicidad fue certero: nunca me preocupé por los demás. Ni por mis padres, ni por mis hermanos, ni por mis amigos… Y ni hablar de los pobres… Te diría que ni a mi novia amé en serio. Pensaba que aún no era el momento, que faltaba mucho para mi hora… Tal vez por eso nunca volví a ser feliz. No sé, ¡que sé yo de todo esto!
Si eres una de esas personas que no se animan a dar-se o a jugar-se por miedo de sincerar el corazón, o por temor a no ser correspondido. Te invito a que, a partir de ahora mismo, dejes de serlo.
Tal vez fuiste engañado, varias veces defraudado. Probablemente tengas un listado largo de fracasos amorosos. Si es así, te propongo un desafío nuevo: que te entregues al Amor de los Amores. Él no defraudar. Siempre serás correspondido. Dios no se muda. Sólo Dios basta.
No te olvides de que has nacido para gastar tu vida en ese intento. Para eso nacimos, para eso vivimos y por eso morimos…

Del e-book: ¡Caminante hay Camino!
Colección: Descubre Cómo