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Autor: Pablo Córdoba
Charla: Convivencia Matrimonios Fasta.
Un día, aquel hombre joven fue convocado a la guerra y tuvo que abandonar a su esposa y sus tres hijos pequeños por varios años.
Los primeros meses fueron duros para la mujer que debió hacerse cargo de los hijos sola, pero poco a poco se fue adaptando y acostumbrando a la ausencia de su marido.
Trascurrido un tiempo, descubrió que podía sacar adelante las cosas del hogar y mantener también la casa.
Pero igual, echaba de menos a su compañero. Especialmente cuando las cartas no llegaban tan seguido. Por momentos llegó a pensar que la había olvidado o que tal vez había ocurrido alguna desgracia.
Ya no tenía con quien platicar sobre la crianza de los niños, las dificultades en la escuela… a quien contarle su día a día. Ya no tenía quien la escuchara. Comenzó a sentirse sola.
Pidió ayuda a su madre y ésta se la brindó gustosamente.
Se hicieron muy confidentes. Juntas organizaban las fiestas de cumpleaños y demás eventos familiares. Los niños iban bien en la escuela y la madre siempre estaba de buen humor.
. Entre las obligaciones, los quehaceres y el empleo que consiguió ya no le quedaba tiempo de echar de menos a su esposo
Un buen día el hombre regresó.
La mujer acostumbrada a resolver todos los asuntos sola, ya no recurría a su maridao como antes.
Él comenzó a pasar cada vez más tiempo en el sillón y más horas frente al televisor. Los chicos estaban ya crecidos, prácticamente, no lo necesitaban.
Ella actuaba como si el esposo hubiera muerto en la guerra, cuando en realidad estaba viendo televisión.
Te cuento esto con la intensión de ayudarte a pensar en TU MATRIMONIO.
Si eres esposa, no te comportes como la viuda que no era viuda. Si eres el esposo, recuerda antes de encender el televisor, que vuelves del trabajo, no de la guerra.


Pablo Córdoba