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Cuando lo esencial es invisible

Es tan inquietante el problema del desempleo que perdimos la capacidad de pensar en el trabajo por sí mismo. Pareciera que lo único significante es tener trabajo.
La manera en que trabajamos no parece ser un tema de interés. Pese a que dedicamos gran parte de nuestra vida al trabajo, pocas veces pensamos en la manera en que trabajamos.
Piensa en el modo en que trabajas, ¿lo estás haciendo bien? ¿Lo puedes hacer mejor?
Generalmente lo valoramos como un medio para obtener dinero, lucimiento personal, consideración social… No le damos otro valor distinto del económico. ¿Y tú, que valor le das a tu trabajo?
Es raro que veamos a nuestro empleo, como el lugar donde podemos ser felices y al trabajo, como la actividad donde realizarnos como personas. ¡Todo lo contrario! Por momentos, parece un castigo.
Creemos que consiguiendo más dinero o prestigio seremos felices, entonces: trabajamos todo el día para lograrlo. Al finalizar el día nos damos cuenta de que hemos caído en la trampa de la infelicidad.
Si trabajas solo por el dinero, si encuentras excusas a la hora de hacerlo mejor, si no buscas la excelencia… Será necesario que cambies porque sólo quien da lo mejor de sí en su trabajo puede ser feliz.
Busca el modo de hacerlo bien, de principio al fin. Desconéctate de aquello que te distrae. No dejes crecer los inconvenientes y no entregues nada, sin antes haberlo revisado minuciosamente.
Convierte las dificultades en retos, las observaciones en sugerencias, los errores en oportunidades. No te olvides del buen humor. Ríete de ti mismo, de las chapuzadas, de tu orgullo y soberbia.
Procura hacer bien, lo que tengas que hacer. Planifica, revisa, corrige, pide ayuda… y te sentirás mejor en tu trabajo. ¿Te parece poco?
Si esta reflexión te sirve para tu edificación personal, si crees que puedes aprender más aún, te invito a leer mi libro-digital: Cómo darle Sentido a tu Vida.