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Es tan inquietante el problema del desempleo que perdimos la capacidad de pensar en el trabajo por sí mismo. Pareciera que lo único significante es tener empleo. El trabajo propiamente dicho no parece un tema que nos interese, pese a que gastemos la vida trabajando.
Pasamos años preparándonos para obtener un título, pasamos meses buscando empleo o un puesto más visible en la empresa y de mayor valoración social, pasamos horas pensando en cómo ganar más dinero y nuevos clientes, o en cómo aumentar las ventas…
Sin dudas, el trabajo ocupa un lugar prioritario en nuestra vida. En la mayoría de los casos es el único medio de subsistencia y hace posible la manutención familiar. Pasamos gran parte de nuestro tiempo trabajando y, sin embargo, pocas veces pensamos en el modo en cómo trabajamos.
Generalmente lo valoramos como un medio para obtener beneficios económicos, lucimiento personal, consideración social, etcétera; creyendo que la felicidad está relacionada con factores y éxitos externos, especialmente de tipo económicos.
Es raro que nos pongamos a pensar en el trabajo como medio de realización y desarrollo personal. Con frecuencia terminamos trabajando en forma inhumana, de modo salvaje. Nos hemos olvidado de que el trabajo es la manera establecida por Dios para que el hombre sea dueño y señor del Universo. Para que descubra, perfeccione y utilice los recursos materiales en favor de su propia realización y en beneficio de la comunidad en la que está inserto.
El trabajo es además un servicio que debe servir para mejorar como personas a quien lo realiza y, a la vez, ayudar a mejorar otras personas. Es un camino hacia el perfeccionamiento de nuestra vocación humana… Un camino que el mismo Cristo desde el Evangelio nos invita a desandar, por que es camino de santidad.

¿No es acaso la tuya una manera inhumana de trabajar? ¿No te parece que es tiempo de cambiar? ¿Estarías dispuesto a sacrificar el lucimiento personal, el prestigio y los caprichos, para hacer que el trabajo te mejore como persona? Sólo así tu trabajo será un camino de realización personal. Un medio para que puedas alcanzar la plenitud humana. Tu camino de santidad, en otras palabras.
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