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Autor: Pablo Córdoba
Fuente: www.pablocordoba.com
«Hoy fue uno de esos días difíciles que amanecen con dificultades y problemas… Uno de esos días que uno quisiera saltear del almanaque.
Los problemas comenzaron a primera hora. A media mañana se sumó un conflicto comercial. El sistema de audio dejó de funcionar y para rematar: no conseguía el accesorio de la computadora.
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Me di una última oportunidad e ingresé a un comercio, donde tal vez, podrían tener lo que buscaba.
Abrí la puerta, ingresé. El vendedor se acercó en su silla de ruedas, para preguntarme que necesitaba. Efectivamente tenía el repuesto.
Estreché su mano y le dije: ¡Lo felicito!
Se acomodó en su silla, mientras me preguntaba, por qué con una amplia sonrisa.
-Por todo lo que ha logrado… Lo reconozco por su silla de rueda, le dije apresuradamente. Fui cliente suyo, cuando apenas comenzó con su comercio…
-Hace más de diez años, me dijo con orgullo.
-No he tenido un buen día. En rigor de verdad, por problemas sin trascendencia, de poca monta. Asuntos cotidianos de la vida laboral… Pero que, por momentos, lo hacen a un pensar, en que todo es imposible.
«El repuesto quedó a un costado. Parecía no tener importancia… Se hizo un corto silencio.
-Acompáñeme. Quiero mostrarle algo -me dijo.
«Pasamos por un pasillo y llegamos a su oficina privada.
-Mire la fotografía del centro… La más importante de todas…
-Es Usted. Más jóven… En la puerta de su negocio -comenté, sorprendido.
-Fue el día en que inauguré. Estaba en sillas de ruedas y… para muchos era imposible que yo estuviera por comenzar un negocio en estas circunstancias… Y lo comencé.
Pero sabe una cosa… Nada, pero nada de lo que he logrado, hubiera sido posible sino hubiera confiado en Dios.
Sus palabras fueron como un baldazo de agua fría.
-Mire. Me dijo en tono amistoso. Aquí hay dos secretos:
El primero, «confiar en la Providencia».
«Yo no salía del asombro. Pensé que me hablaría del orgullo, del amor propio, del tezón… De cualquier cosa, menos de Dios. ¿Estamos hablando de un negocio, no de asuntos religiosos?
-El segundo secreto es: «No dejarse vencer por las circunstancias».
Entender que son pasajeras, que las cosas no siempre salen como uno las planea… Siempre ocurren imprevistos. Siempre hay dificultades… Problemas y más problemas. Circunstancias adversas.
La clave está en no dejarse vencer por ellas. Hay que ir más allá. Ver más allá del problema. Dejar de pensar en él, como si fuera lo más importante del día… Y volver a nuestra primer foto.
Lo hago cada vez que estoy frente a una situación adversa. Regreso a esta foto. Alguna vez me he quedado más de una hora… Otras veces he llorado como un niño, frente a ella.
Veo lo poco que tenía. Veo aquello que parecía un imposible y que hoy es una realidad. Veo todo lo que he logrado, con la ayuda de Dios… Y vuelvo a decir: ¡Confío en Tí, Señor! ¡En Tí confío!
Pongo las circunstancias en su lugar… y no me dejo vencer por ellas. Si no es hoy, las venceré mañana… Pero las venceré al fin y seguiré avanzando.
«Regresamos al salón. Tomé el repuesto y le dije:
-Vine por un repuesto de informática y me voy con un gran consejo de vida. No se imagina Usted, cuanto se lo agradezco.

La suya es una imposibilidad física. No tiene piernas, pero yo, muchas veces tengo una imposibilidad mayor:
«NO TENGO CONFIANZA EN DIOS y me dejo vencer por las CIRCUNSTANCIAS».

Estreché otra vez su mano. Y de todo corazón, le di las GRACIAS.
P/D: Comento esto, para que, cuando tengas un mal día, recuerdes tu foto. Esa foto del comienzo y como hace este «gran titan de la vida: Confíes en Dios y no te dejes vencer por las circunstancias.
Dedicado de manera personal a Pablo Carreño, al Flaco Stochero y al Chupa Canavesio.
Pablo Córdoba.