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Pregunta: Joven mayor de 30 años
Responde: Pablo Córdoba
Pablo:
Mi nombre es Valeria. Te cuento un poco de mi vida: Tengo dos trabajos, por la mañana trabajo en la Municipalidad y por la tarde en una empresa de alimentos.
Estoy a dos materias de recibirme en la Universidad Nacional de Abogada, pero por el trabajo y el poco tiempo que me queda para estudiar, hace como cinco años que ni siquiera paso por la Facultad.
Los fines de semana es el tiempo que tengo para descansar y estar con mis amigas. Nos justa mucho juntarnos a tomar mate y conversar. También solemos ir al campo y por su puesto: nos justa mucho ir a bailar….
Creo que ya no necesito el título. Tengo dos trabajos y gano muy bien. Puedo darme con mis gustos y además estoy pagando un coche cero kilómetros en cuota… Creo que lo próximo será irme a vivir sola, para ser más independientes de mis padres y hacer mi vida sin presiones.
Mi problema es que estoy enamorado de un chico que es homosexual. Nos conocemos desde hace mucho tiempo pero nunca fuimos más que amigos.
Pero lo que más bronca me da es que hace poco me enteré que está en pareja con otro hombre… Yo lo quiero ayudar a salir de la homosexualidad, ¿Me podrías ayudar? ¿Qué debo hacer?
Mis amigas dicen que me olvide, que me busque otro, pero yo estoy muy indecisa. ¿Me podrías dar tu consejo?
 
RESPUESTA

Estimada Valeria:
Imagino te tomará por sorpresa mi respuesta y el análisis que hago de tu situación. Pero me parece que estás confundiendo un poco las cosas, por eso te cuesta ver la verdadera causa de tu desánimo y confusión.
La clave para comenzar a resolver la situación está en poner los medios para recibirte. Digo: poner los medios para recibirte. No, poner excusas para no estudiar y no terminar con tu carrera.
Aceptada las explicaciones del por qué aún no lo has podido hacer…
Solo cabe averiguar las fechas, hacer una planificación y ponerse a estudiar, de manera que cuanto antes ese tema quede resuelto.
Está comprobado que saber que uno está cerca de la meta y que a su vez, la ve a diario alejarse lentamente, es fatal para nuestro ánimo. Genera frustración y desánimo.
Además, algo que me parece muy importante:
Te estás privando de una GRAN ALEGRÍA. La alegría de coronar con el triunfo todos los años de esfuerzo y sacrificio que significó llegar hasta esta instancia.

Lo que más necesitas, en estos momentos, es: UNA GRAN ALEGRÍA, la que surgirá de la satisfacción de haber alcanzado esa meta.
Quiero ser claro, esto me parece mucho más importante que alcanzar el título.
No hablo del trámite administrativo, ni de la placa en la puerta de la casa. Hablo de algo mucho más íntimo y personal que tiene que ver con tus logros.
Se trata de hacer realidad uno de tus sueños. Un sueño que comenzó muchos años atrás, cuando eras apenas una adolescente e incluso una niña.
Es probable que hayas leídos autores que afirman que, lo importante es el camino y no la meta. Pues, ¡al diablo con esas ideas!. Tú ya has recorrido tu camino, ¡ahora hay que alcanzar la meta!
“El niño juega, el adolescente sueña, el hombre HACE”
El niño juega, el adolescente sueña, el hombre HACE. El niño juega, el adolescente sueña, el hombre HACE. Logra, alcanza. Eso es lo que te hace falta, ahora, dejar de soñar y ponerte en marcha para hacer tus sueños realidad.

Alcanzar el título, tiene que ver con tus talentos.
Con aquello que Dios depositó en ti y espera que multipliques, para que puedas poner al servicio de otros el día de mañana.
Ni tú ni yo sabemos, cuando será el tiempo de nuestra cosecha… pero ninguno de los dos quiere que en ese momento, en el momento más importante de nuestras vidas: busquemos el talento escondido y se lo demos de vuelta.
¿Te imaginas ese momento? ¿Ese cara a cara con el Señor de la Vida? ¿Con aquel que te dio todo: familia, un hogar, una buena educación y hasta esta posibilidad a la que en el mundo entero pocos jóvenes acceden?
Has recorrido casi todo el camino, has pasados las mayores pruebas… estás en los últimos cien metros… ¡Nunca estuviste tan cerca de la línea de LLEGADA!
Mira a tu alrededor allí están: Tu mamá, tu papá, tus seres queridos… Esa abuela que, orgullosa le contó a sus amigas que su nieta entró en la Universidad, por que quiere ser Abogada.
Esa que, en cada uno de tus exámenes, prendía una vela y vaya saber cuantos Avemaría repetía… Esa que, en la tierra o desde el Cielo, espera que te recibas, por que se lo merece: ESA GRAN ALEGRÍA… La alegría de que su nieta haya llegado donde ella no pudo llegar…
Pero además, veo una gran oportunidad para tu crecimiento espiritual, para que ganes en humildad. Y, en particular, para combatir tu orgullo.
Pido disculpas, pero me resulta evidente que, parte de tu infelicidad, se debe a tu orgullo. No busco ofenderte, sólo hacerte ver, quién te está trabando, en la carrera hacia la felicidad.
No te deja crecer, te tiene encerrada en tus miedos, tus justificativos, tus idas y venidas… Tus excusas… y, se manifiesta: cada vez que corres apurada, por que llegas tarde, a ninguna parte.
Y vuelvo a esos ojos esperanzadores que alguna vez te despidieron camino a la Universidad… Pienso en el esfuerzo de tu padre. Todo lo que significó para él, cada uno de tus logros, cada nota, cada aplazo, cada éxito. Y la veo a tu madre preparándote la cena.

Creo que en justicia, ellos se merecen esta GRAN ALEGRÍA.

Pese a tu demora, no han perdido las esperanzas y aunque algo más cansados… ESPERAN. Tú dirás hasta cuando… Mientras tanto… ellos esperan.
Piensa en aquel dedo del que te tomabas, cuando ibas camino al jardín de infantes. En aquellas manos que plancharon tus guardapolvos y bordaron tu nombre en el bolsillo derecho… En aquella maestra que te enseño a sumar…
En el orgullo que despertó tu primer excelente. Piensa en aquella profesora que se ganó tu cariño y su admiración… En la paciencia que soportó tus berrinches y rebeldías… Y esas promesas que hiciste sólo con tu mirada.
Sigue mirando atrás y te reencontrarás con una joven decidida a ser Abogada, con aquella joven que se animó a cuestionar las teorías más comprobadas y esbozó “grandes soluciones” que renovarían el derecho.
¿A esa niña, a esa joven… ahora que ya eres una mujer le vas a decir que no te puedes recibir por tal o cual motivo? ¿A los ojos abatidos de tu abuela le vas a decir que estás cansada? ¿A la ilusión de tu padre, le vas a decir que antes están otras cosas… qué ya nada es como antes y que necesitas…?

No creas que he olvidado que tu pregunta era otra.
Tú problema es que estás enamorada de una persona que no corresponde a tu amor. Y consideras que esa situación es la causa de tu desánimo, pues yo te digo que no. Por eso te invito a dirigir tu mirada hacia esta deuda pendiente, por que creo que allí radica la causa de tu tristeza.
Primero lo primero. Creo que primero está esta deuda pendiente y luego veras la manera de resolver la cuestión de un amor no correspondido.
Espero haberte ayudado con mi análisis y mis palabras de aliento,
Pablo Córdoba.
Tu amigo escritor