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La familia tenía un lugar especial en la Escuela. Inclusive se la celebraba su fiesta con un «almuerzo a la canasta».
Los abuelos iban a contar cuentos y los padres participaban de una hora de juegos para celebrar su día en la escuela.
Las madres se encargaban de organizar la quermés, de adornar la Capilla y de comprar los regalos para el día del maestro.
Después de todo, no hacían más que cumplir con el estatuto del colegio y honrar su nombre: “Sagrada Familia”.
Pero murió el viejo rector y el director que lo reemplazó, convocó a una reunión de padres y les comunicó que había llegado el momento de democratizar la institución y de adaptarla a los tiempos que corrían.
Sus premisas fueron: no discriminar y lograr la participación de todos, para conseguir así, una escuela democrática e inclusiva.
Entonces, una mujer recientemente separada, propuso no celebrar más el día del padre para evitar que su hija sufriera porque su «ex-marido», seguramente no desearía participar más del evento.
Otra, propuso sacar la quermés así ella, no debía dejar de atener su negocio, para participar de la misma. Moción que celebró un grupo de padres muy ocupados que preferían aprovechar ese tiempo para descanzar y quitarse el strees de la semana.
No faltó un papá evangélico que pidió se suspendieran las Misas, por que eso era discriminatorio para sus hijos.  Ni un papá agnóstico que pidio sacaran las imágenes religiosas para que no se viera amenazada la libertad religiosa y opinó que, sería conveniente, que la clase de religión fuera reemplazado por una donde se enseñaran valores.
Sobre el final de la junta, una mamá con voz nerviosa, pidió que los niños no corrieran más el patio, para que su hija minusválida no sufriera al ver correr a sus compañeros. Idea que todos asintieron con una conmovida sonrisa.

Sabiendo que al comienzo se ofrecería resistencia, el director ordenó implementar los cambios de inmediato. Y dió a entender que, quienes se opusieran, lo haría por ser católios fundamentalistas y poco democráticos.
Al tiempo de la implementación de las reformas del progreso: los abuelos no volvieron a la escuela y se dejó de festejar el día de la familia. Nadie corría en los recreos. La quermés no volvió a funcionar y la Capilla se convirtío en una preciosa sala de convenciones.
Pasaron los años y, cuando un alumno de los más pequeños preguntó: por qué el Colegio se llamaba Sagrada Familia, ningún adulto supo que contestar.
 
Pablo Córdoba.
Tu amigo escritor