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Querido amigo:
Son numerosas las consultas que recibo preguntándome por qué la Iglesia no aconseja a acudir a las técnicas de procración artificial. Muchas de ellas, de esposos realmente dolidos y en algunos casos ofendidos. Dolor al que no puedo permanecer ajeno o indiferente, ¡todo lo contrario!
Dolor, que me ha llevado a buscar respuesta y en este caso el asesoramiento de una experta en cuestiones de bioética, ha quien aprecio y agradezco su colaboración.
Sin ánimo de juzgar ni condenar el comportamiento y respetando plenamente la libertad de quienes hayan optado o piensan acudir a ellas, pongo a consideración de todos, la respuesta de la especialista.
Autor: Dra Pilar Calva
Fuente: www.Catholicnet
Con gusto le oriento en este y otros temas de bioética.
La Iglesia Católica reconoce el sufrimiento para unos esposos que no pueden tener hijos. Pero también es consciente que el matrimonio nos confiere el derecho a usar el acto natural (relación sexual conyugal) del cual se puede derivar el don de la vida.
El poder ser padres es un don más no un derecho ya que si así fuera un hijo sería un medio y no un fin en sí mismo. Los esposos somos cocreadores con Dios, participamos con el aspecto biológico, el genoma que cada uno aporta a partir del cual se forma el cuerpo pero Dios participa infundiendo el alma.
Es correcto en los tratamientos de infertilidad todo aquello que asista el proceso natural de la fecundación pero que no supla la donación esponsal por un acto técnicodel cual derive la vida.
Por ejemplo es éticamente correcto que a una mujer que NO ovula se le de tratamiento para que ovule pues la función natural de los ovarios es producir óvulos, o que hagan una cirugía de trompas para quitar las adherencias que tapan la trompa pues lo natural es que las trompas estén permeables para permitir el paso de espermatozoides y del óvulo.
Como en todo acto humano, es necesario analizar su fin o intención y los medios que se utilicen para llegar a él. No basta que la intención de los esposos de tener un hijo sea legítima, sino que también los medios han de ser lícitos. La concepción es lícita cuando es el resultado del acto conyugal al que se ordena el matrimonio por su propia naturaleza.
La inseminación artificial consiste en:
Primer paso, es importante analizar, desde un punto de vista ético, la forma de obtener el semen y su procedencia. Todas las formas al margen de la relación sexual serían medios ilícitos pues no se está respetando la naturaleza del acto sexual; en estos casos el semen se obtiene a través de maniobras ajenas a la donación personal de los esposos, aunque el fin sea ayudar a que se logre el embarazo.
Las técnicas de obtención del semen mediante un acto extraconyugal como la masturbación son contra natura, por tanto es un acto intrínsecamente desordenado.
Una vez obtenido el semen se capacita en el laboratorio y se introduce al cuerpo de la mujer mediante una jeringa. Inseminar a una mujer no es correcto pues la entrada de los espermatozoides es mediante un acto técnico como en el ganado.
Sobre la fertilización in vitro:
La creación de una persona no puede ser nunca reducida un acto técnico como es el caso de las técnicas de reproducción artificial entre ellas la inseminación artificial y la fertilización in vitro.
Un hijo siempre es un don y nunca un derecho, pues lo estaríamos rebajando objeto. Por lo tanto no se puede fabricar como si fuera una cosa. Esta es la razón por lo cual la fertilización invitro es INCORRECTA.
Además de esta razón de fondo te puedo decir que aunque sólo capturara y fecundara un sólo óvulo, la eficacia de estas técnicas es de 25% cuando se transfieren tres pequeños embriones (llamados óvulos fecundados o preembriones); quiere decir que por estadística morirán 11 hijos para que se logre uno!!
 
Saludos.
Dra Pilar Calva
Consultara para temas de Bioética – Catholic.net