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Autor: Pablo Córdoba

Hace tiempo que estás sufriendo. El diagnóstico empeoró y te quedan pocas fuerzas… Perdiste el empleo, un ser querido, caíste en depresión…

Pareciera que estás crucificado y que ya no hay salida.

Aunque no lo hayas elegido, te pareces en mucho al Cristo del madero. Él fue el primero en vencer al dolor y a la muerte. Tiene la llave, sabe cómo hacerlo.

Podrías unir tu dolor al suyo. Hacer que tus lágrimas se mezclen con las suyas. Alzar los ojos y, con los de Cristo, buscar la mirada del Padre del consuelo.

Dile con el corazón: «aquí me tienes, Señor, ya sin fuerzas. No te pido que me libres de esta hora sino que me ayudes a aceptar lo que no comprendo. Ayúdame a ver lo bueno de este tormento… y a descubrir cuál es Tu Salida.»