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El domingo de resurrección almorzaríamos en la casa de mis padres. Con mi esposa decidimos ir a Misa, en la que fue mi parroquia de soltero.

Efectivamente, celebraba el mismo Cura que años atrás me había encargado el Vía Crucis y, que yo me había molestado tanto con él.

Lo encontré más viejo. Las manos arrugadas y más lento en su andar.

La ceremonia fue transcurriendo, mientras yo, pensaba en ese hombre de tez morena y pelo blanco.

¿Quién hubiera encendido el Cirio Pascual? ¿Quién hubiera derramado el agua bendita sobre los fieles? ¿Quién hubiera hecho presente a Cristo en la Eucaristía? ¿Quién nos daría la bendición final?

Al finalizar la Misa, la mayoría nos reuniríamos en familia… Él no. Mi padre se reuniría con sus hijos y con sus nietos… Él no.

Se había privado del amor de una mujer. De todo lo que ello representa. De la alegría de ser papá, del cariño de los hijos, de los nietos. Su Sí a Dios, le había significado muchos no en su vida.

Con él me había confesado muchas veces. Asistió a mi abuela en su lecho de muerte, casó a uno de mis hermanos… Y yo, me había ofendido, por que no había utilizado el Vía Crucis que había preparado.

¿No era acaso un hecho insignificante comparado con los anteriores?

¿Quién me había traicionado el Cura, o mi soberbia? ¿Quién era mi enemigo, la Iglesia o mi orgullo? ¿Quién había faltado a la caridad?

Antes de finalizar, puso los brazos en el Altar, inclinó la cabeza y permaneció en silencio. ¿Qué palabras salieron de su corazón? ¿Qué le habrá dicho a Dios en esos momentos?…

Camino de regreso a casa, le dije a mi esposa. ¡Que ingratos somos con los Curas, que poco comprensivos… Nos enfurecemos por cualquier cosita… y no somos capaces de ver todo el bien que nos hacen.

-¿Y si algún día, lo invitamos a almorzar a casa? –me dijo mi esposa. Será un modo de decirle GRACIAS.

-¡Felices Pascuas! –le respondí con los ojos mojados.

Pablo Córdoba.


P/D: Conociste el comienzo. Deseaba compartir contigo el final de esta historia. Invitarte a que no repitas mi error.

Sé que hay muchos Curas que no merecen tu respeto, pero sé también que hay muchos que se merecen una invitación de agradecimiento. ¡Vaya a ellos este pequeño homenaje!