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El siguiente es un fragmento del libro: Cómo Amar para ser Feliz. Pronto estará a la venta.
 
–No hace falta que recuerdes lo que se comentan de mí -me dijo el Amor, en tono serio. Conozco perfectamente que en los tiempos modernos soy un sentimiento de poca importancia. Pero eso no es lo peor. Lo que más me duele y desagrada –agregó con una leve sonrisa– es ver que anden proclamando por ahí que «el amor ha muerto». ¡Eso no es cierto!
–No te enojes con él –interrumpió mi ángel de la guarda–. Al pobre le ocurrió lo que a tantas otras personas que, por buscar la felicidad en forma exagerada, no te han tenido en cuenta.
–No sólo que no me han tenido en cuenta, sino que se han empecinado en concebirme como ese sentimentalismo romántico y hollywoodesco, que llaman enamoramiento. El amor, ni siquiera en sus facetas más románticas, se parece a lo que muestran esas películas taquilleras.
–No todos piensan de esa manera.
–Lo sé –me respondió–. También están quienes se conforman con repetir que amar es: «dar sin mirar a quién». Sin embargo, el amor es mucho más que dar desinteresadamente: amar es “dar-se”. Es salirse de uno mismo por el bien de los otros; aunque esto duela.
Amar es hacer cosas buenas por los otros. Es buscar su bienestar ayudándoles a ser felices. Es entregarse; pero no «sin mirar a quién», sino todo lo contrario. De forma personalizada, mirando a los ojos, para ver al otro, en toda su dignidad y grandeza.

Si eso es amar. La verdad es que yo no me tomo al amor en serio ya que, por lo general, estoy más pendiente de mi felicidad, que de la felicidad de los demás.

¿Cuál será la diferencia entre dar y darme? ¿Qué debe hacer uno, que convive con padres y hermanos, para darse? ¿Qué, el que está casado y tiene hijos? ¿Qué, el soltero?

Hacemos muchas cosas por los demás: les damos todo lo que podemos… pero sin mirar a los ojos. Entonces, debemos aceptar que no estamos amando como deberíamos hacerlo. ¿O será que nunca hemos amado?
 
Pablo Córdoba
Tu amigo escritor.