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Del libro: Oler a Nuevo
Colección: Parate y Pensá
Autor: Pablo Córdoba
–No soy el único que cometió pecados -le dije.
–No. Desde los primeros días de la creación, el hombre le viene fallando a su Creador. Pero Éste, lejos de abandonarlos, les da una nueva oportunidad y les promete un mediador: alguien capaz de reconciliarnos con Él. Renueva su confianza en el hombre, pero esta vez elige un pueblo: el pueblo judío, al que durante años había preparado para recibir al Mesías, el hijo de Dios hecho hombre.
Yo hacía silencio. Ella continúo:
-Entonces, una mañana, un ángel se le apareció a una virgen que vivía en Nazaret, ciudad ubicada en la región de Galilea, y le dijo: “No temas María, el Señor está contigo. Vas a quedar embarazada y darás a luz a un hijo, que pondrás por nombre Jesús. Será grande y con razón lo llamarán Hijo del Altísimo”. En ese instante, el Hijo de Dios se hizo hombre en el seno de esta mujer. El niño creció en Nazaret, trabajó, se cansó, tuvo amigos, lloró y sufrió como cualquier ser humano.
–Y a todo esto: ¿Dios qué dijo?
–En el momento en que Jesús recibió el bautismo se oyó una voz celestial que dijo: “Este es mi hijo muy amado, el elegido”. Aquel Dios, que había prometido un Salvador, confirmó personalmente que Jesús de Nazaret, su hijo, era el intermediario prometido. El Mesías.
¿Qué dijo Cristo de sí mismo?
–“¿Tú eres el hijo de Dios?”, le preguntaron los judíos antes de condenarlo, en el juicio que le hizo Caifás. Él contestó: “Sí, yo soy el Hijo de Dios.”
–Ninguna de estas cosas dicen que Cristo es Dios …y estábamos hablando de ese tema.
–Lo dijo antes, cuando afirmó: «Mi Padre y yo somos una misma cosa”. Es lo mismo que decir que Cristo es Dios.

“Necesito más pruebas”, podrás decirme. Te invito a leer el capítulo 1 de san Juan, el 8 de la carta a los Romanos de san Pablo y el 12 de san Marcos.
También la parábola de los viñadores, a san Mateo: “Nadie conoce el Hijo, sino el Padre y nadie conoce al Padre…”, a San Juan: “Mi padre obra, y yo obro juntamente con Él”, la carta a Filipense: “Jesucristo, teniendo la naturaleza de Dios, tomó figura de siervo” y, especialmente, a San Juan 20, 27.

Del libro: Oler a Nuevo
Colección: Parate y Pensá
Autor: Pablo Córdoba