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Segundo día, sábado 4 de febrero.
1. Nos ponemos en presencia de Dios
Comenzamos este triduo, poniéndonos en presencia de Dios, haciendo la señal de la Cruz y diciendo: “en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén”.
 
 
2. Oración inicial:

«Señor, tu palabra dice que los hijos son Bendición, te pedimos que bendigas mi familia y a mi vientre lo llenes de vida.
También has prometido que en tu tierra no habrá mujer estéril o que aborte, Señor quienes ponemos nuestra confianza en Jesús somos tus hijos y tu familia, tu pueblo, por eso estas promesas son para nosotros.
Señor, derrama tu agua en este suelo sediento y danos una descendencia y bendice a nuestros retoños. Nos ponemos de acuerdo con tu palabra que es vida, y en ella nos paramos firmes.
Nada nos podrá voltear. Las dudas o mentiras que lleguen a nuestras mentes no dejaremos prosperar, porque solo en tu palabra ponemos nuestra fe y no importa lo que pase o como se vea en lo natural, te creemos por sobre todas las cosas.
Señor, prometemos criar al hijo que nos envíes en el amor y respeto a ti y nos comprometemos a enseñarle tus caminos y a educarlo en la Verdad de tu Palabra.
Te agradecemos Padre porque nos escuchaste y estamos listos para recibir a nuestro hijo.»

Amén.

 
 
3. Tema de hoy:
La aceptación

Reflexión del día:

María, según nos asegura la Santa Biblia, era una joven que había decidido consagrarse a Yavé y permanecer Virgen. Había decido ser casta durante toda su vida. Por consiguiente: no tener hijos.
¿Parece extraño, verdad? Pero fue así, por amor a Dios, estaba decidida a no vivir la maternidad para tener mayor disponibilidad a los designios del Señor.
Una opción legítima, un deseo auténtico, una decisión tomada con libertad y seguramente agradable a Dios… Y sin embargo, Dios le propone un cambio de planes radical.
Precisamente a esta jovencita que estaba dispuesta a resignar su maternidad, la elige para madre de su único Hijo. Elije para Ella algo totalmente opuesto y contrario a lo que su corazón anhelaba para su vida.
El resto de la historia es bien conocido por todos. El arcángel Gabriel, se presenta ante Ella y le hace la invitación por parte de Dios, que María con gran generosidad, acepta.
No hay por parte de Ella ningún reclamo, ni ninguna protesta. No exige un supuesto derecho a hacer su voluntad (lo que ya había decidido para su vida) sino todo lo contrario.
Acepta con mansedumbre y seguramente mucha incertidumbre un cambio de planes. Y se pone a disposición de los planes de Dios.
¿Es que acaso Dios no respetó el deseo y la decisión de María de no ser mamá?
Claro que respetó esa decisión. Le dio la opción de elegir en libertad y seguramente, si María no hubiera aceptado, el Señor hubiera respetado su negativa. Él siempre respeta la libertad y nos deja a nosotros la última palabra.
Lo Suyo es siempre una invitación, una sugerencia una propuesta de amor, sabiendo que es lo mejor para nosotros. Aunque por lo general nosotros no lo entendamos.
Pide al Señor de la Vida que te ayude a descubrir su Plan para tu Vida. Pregúntale con tu corazón, qué desea para tu matrimonio, qué es, en definitiva, lo mejor para tu vida.
Él ya conoce lo que tu corazón anhela y lo que has decidido para tu vida. La pregunta fundamental es, ¿Conoces tú, lo que tu Padre del Cielo desea para ti?
Los planes de Dios siempre son infinitamente mejores que los nuestros. Siempre superan nuestras expectativas, nos desbordan de vida, de amor y de bendiciones. ¡Siempre!
Confía en el Señor que no defrauda, confía en su infinita misericordia, en el gran amor que siente por ti y espera confiada que te hará mil veces fecunda y mil veces más feliz de lo que tú puedes llegar a imaginar.
¡Confía en el Señor!
Espera en tu Padre el don de la Vida, pero con mayúscula y Él te la dará en abundancia.
 
 
4. Propósito del día:

Intentaré durante todo el día, tratar con cariño a mi cónyuge, estando atenta/o a sus necesidades, sus gustos y; de manera especial, procuraré un momento de diálogo con él. No para aturdirlo, sino para escucharlo con atención.
 
 

5. Oración final

Termino este día de preparación, rezando a Nuestra Señor de la Leche esta oración.
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