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Fuimos compañeros de la escuela primaria y, pese al tiempo transcurrido se mantiene una cariñosa amistad. Nos encontramos en la puerta de la entidad financiera. Hoy es el gerente de una de la áreas del banco.
-Llevo un tiempo separado de mi esposa -me dijo cuando le pregunté por su familia. Mis hijos están con ella. Los veo poco. “He cambiado calidad por cantidad”.
Yo no salía del asombro. Un hombre que lo tenía todo: esposa, hijos sanos, una bonita casa y un auto moderno… y ahora no tenía nada.


-No es por justificarme pero, a los profesionales de tiempo completo nos pasa lo mismo: nos quedamos sin familia.
-¿Pero estás loco? ¡Serás un profesional frustrado! -le dije con tono de preocupación.
-No puedo hacer otra cosa. Mi esposa me pidió que me fuera de casa. Asegura que no me quiere más… que me quiere, pero que no me ama… ¿Qué más puedo hacer?
Puedes recuperar tu esposa, tu matrimonio, tus hijos… tu familia.
-Hice todo lo que pude. Hice terapia, voy a Yoga… Bajé quince kilos… pero ya estoy mejor. Rento un apartamento y llevo los niños a la escuela. ¡Ya estoy bien!
-Yo ayudo a otros esposo en situación similar a recuperar sus matrimonios. ¡Es posible! ¡Esas situaciones tienen solución! ¡Muchos lo han logrado!
-Es tarde -me dijo en tono de sentencia. Estoy por iniciar los trámites de divorcio…
-¿Por qué?
-Porque debo cambiar el automóvil -fue su respuesta-. Frente a esa «respuesta» yo me quedé sin palabras… ¿Romper el matrimonio, para vender el coche?


Pablo Córdoba.