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«Hola, Pablo. Hace más de un año que no tomamos contacto….Te compré los libros y tú me los enviaste a Chile. Te conté aquella vez que, deseaba conocer Argentina. ¿Sabes?, Estamos en Córdoba en este instante….ojalá te pudiéramos conocer. Estamos con mi familia en el Hotel…
Esto decía el mail que recibí hace unos días. No ubicaba bien a esta persona. De todos modos, llamé al Hotel y coordinamos un encuentro con toda su familia: Su esposa, sus tres hijos y su suegra. Pensé que solo me llevaría unos minutos…
¿Cómo es que viajaron tantos kilómetros para estar sólo por un día en mi ciudad? -les pregunté.
Resulta que, no estaba en nuestros planes venir, -me comentó la esposa. Pero aquí estamos por que creemos que Dios quiso que vengamos. Aún no sabemos para qué?
Yo me di cuenta que esto iba más allá de una curiosidad por conocernos, y que no regresaría a casa, tan pronto como tenía previsto.
Salimos a pasear por mi ciudad. Fuimos a cenar. Con lágrimas en los ojos la mamá me dijo: Priscila es nuestro mejor testimonio. A las pocas horas de nacer, ella contrajo una meningitis… Al tiempo se le declara epilepsia… Hace unos años, tuvo un infarto cerebral… y aquí la vez, sonriente y alegre.
Alcé la vista y ahora era la jóven la que enjuagaba sus lágrimas.
Efectivamente, Priscila no paraba de celebrar nuestro encuentro. Iba, venía, llenaba el ambiente de alegría. Ella no sería profesional como sus hermanos… Dios tiene otro plan para ella. Aún no sabemos qué, pero probablemente, estará vinculado con el canto.


Desde muy niña, ella utiliza su dulce voz para alabar a Dios, cantando Salmos y bonitas canciones religiosas. Ahora de joven, sueña con grabar un CD; pero, las posibilidades de su ciudad han trabado ese sueño durante años.
Fue cuando decidí llamar a Marcos. Mi amigo músico que tiene un estudio de grabación y le pedí cita para el día siguiente. Esa noche la joven no pudo dormir de la emoción. Al otro día, Marcos le abrió la puerta de su estudio y se puso a disposición.
En estos momentos una dulce voz está alabando al Cielo. Llenado el aire con su canto. Los padres ven cumplir el sueño de su hija y la abuela llora emocionada.
Entonces yo comprendí el motivo por el cual ellos viajaron hasta mi ciudad y doy gracias a Dios por haber sido parte de este sueño que ahra comparto con Ustedes.