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Una mamá joven entró a su casa protestando:
–No pude ver nada. ¡Siempre lo mismo! Pedí permiso en el trabajo para ir al acto de mi hija y no pude verla actuar.
Llegué cinco minutos tarde y no vi nada. Además, nunca falta una mamá “fotógrafa” que parada en el pasillo tapa a los demás.
–¿Pero la nena te vio? –preguntó la abuela desde la cocina.
–Sí. Se puso muy contenta de verme –respondió la madre, más tranquila.
–Eso es lo importante. Lo importante es que ella te vea a vos. Su felicidad es lo que importa –le dijo la nona a modo de lección.
En esos momentos entró Carina de sala de cuatro disfrazada y le dio un beso a su abuela que la recibió con un dulce abrazo.
–Lo importante es que ella esté feliz –se dijo la mamá en voz baja.

Había aprendido la lección.
Emocionada se abrazó a las dos mientras una lágrima de felicidad corría por su mejilla.
Pablo Córdoba