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Hasta que el dolor sea un recuerdo


A veces uno cae en el error de ver solamente lo que le falta. No tienes salud, pero conservas tu buen ánimo, tu optimismo. ¿No te has detenido a pensar en quienes tienen mal carácter o mal humor, por ejemplo?
¿Quién te dijo que no puedes sonreír estando en una silla de ruedas? ¿Quién prohíbe al enfermo enamorarse? ¿Quién les prohíbe que se casen y que quieran tener hijos?
Pensamos sólo lo que no podemos hacer. Hay que ver también lo que podemos hacer y obrar en consecuencia. Perdiste el empleo, ¡no la vida! Tienes tus manos, experiencia, tu familia... ¡Puedes empezar algo propio!
Siempre se puede empezar de nuevo. Una y otra vez hasta que el dolor sea un recuerdo.
Pablo Córdoba, tu amigo escritor.
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