Artículo publicado en: Yoinformo.com
Autor: Macarena Aguilar

Amanda tenía todo bajo control: sus hijos en crecimiento –de cuatro y siete años-, un trabajo estable, mucha organización en casa y la posibilidad de retomar muchas de las actividades que había abandonado para atender a sus hijos. Llevaba apenas un año de disfrutar a plenitud de su nuevo escenario, cuando un buen día, descubrió que había dejado de menstruar.

El pilón que Dios me dio

“Tengo 34 años y ya había optado por operarme para no embarazarme de nuevo. Con todo y medidas, la sorpresa fue intensa para mí y mi esposo, cuando nos enteramos de que estábamos esperando un nuevo bebé.

“Todo quedó para mí fuera de control, mis ánimos y planes de pronto se derrumbaron y no es que no pudiera sentir amor por mi hijo, pero honestamente no teníamos contemplado”, explica la joven mujer.

La historia de Amanda es más común de lo que parece, y aunque ciertamente la llegada de un nuevo miembro es motivo de alegría, también lo es que causa mucho tanto en la organización que se tiene en todos los sentidos. Los padres pueden ser los más afectados, pero no esto no significa que los hijos no se vean involucrados en este desajuste.

Respira y ¡reorganiza!

Todo parece en tu vida una locura que te puede hacer sentir inadaptada, y debes evitar sentirte culpable por ello, pues no se trata solamente de la sorpresa y el cambio de planes de ahora en adelante, también los cambios hormonales propios del embarazo van a involucrarse e influirán en tu estado de ánimo, pero te servirá de mucho, por un lado, hablar con tu familia sobre la noticia y estar alerta a las reacciones de cada uno.

Si tu hijo es muy pequeño –de dos a seis años-, todo puede resultarte bastante sencillo, en el sentido de que sus preguntas o actitud serán más fáciles de manejar y estará muy atento de los cambios que se generen en tu cuerpo.

En cambio si el mayor está en las etapas de pre pubertad y pubertad, el panorama puede ser distinto, ya que ahora está muy cómodo y adaptado con la vida que tiene y hay más conciencia de la forma en que todo cambiara, así que lo indicado es darle seguridad y certeza de que a pesar de que habrá cambios, que será necesario ceder en algunas cosas y hacer adecuaciones tanto en cuestión de espacios físicos, de tiempo y estilo de vida.

El hecho de que hables con toda franqueza y dibujes un panorama claro de cómo será la rutina, puede causarle enojo al principio, pero ten por seguro que agradecerá tu honestidad y que le será mucho más sencillo el proceso de adaptación.

Ahora bien, con chicos de esta edad y más grandes, debes ser cuidadosa en el sentido de hacerles ver que su participación es importante en el desarrollo del bebé, que de vez en cuando requerirás de su apoyo para su cuidado, pero de ninguna manera pretendas o les hagas sentir que son los niñeros de su hermano.

Es cierto que eventualmente tendrás que pedirles que cancelen un compromiso que ya tengan o que dejen de ver el televisor para echarte una mano con la alimentación del bebé mientras tú haces algo más, pero esto no debe ni convertirse en un estilo de vida ni tampoco en una obligación para ellos.

No podemos decir que todo será sencillo, pero a diferencia de cuando tuviste a tu primer hijo, ahora te encuentras más madura emocional e intelectualmente, tienes experiencia y sabes cómo conducir una familia.

Estos son pilares que te ayudarán a darle la bienvenida a tu nuevo bebé y hacer que el resto de los integrantes lo hagan también.