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El siguiente es un fragmento de uno de mis libros que comparto para invitarte a una reflexión personal. Espero te haga bien.
-Yo solamente quiero gozar, divertirme. Hacer lo que siento, pasarla bien, SER FELIZ; a mi manera. No soporto que me digan lo que tengo que hacer. Menos, que me hablen de Dios… Yo sueño con ser feliz, pero a mi modo.
–¿Ese “ser feliz a tu modo” coincide con lo que Dios tiene soñado para ti?
–Ya sé que no. Pero no me importa. Tampoco creo que a Dios le importe.
–¡Claro que le importa! Ante sus ojos todos somos importantes, tú también. Es más: te quiere tanto, que desea que seas plenamente feliz. Por eso insiste con que te perfecciones hasta terminar la obra que Él comenzó. Espera que seas compasivo, generoso, honesto, amable, atento… Que llegues a ser santo, como lo fue su Hijo en la Tierra.
–¿Santo, yo? No. Ni loco.
–Entiendo. Cómo no voy a entenderte si ése es el pensamiento típico de una humanidad ingenua que desplazó a Dios del centro del Mundo y se coronó a sí misma reina del Universo. ¡Qué disparate! Dejar a un lado a Dios para hacer lo que «libremente» les place, tal como vos venís haciendo.

Tu momento de reflexión personal:
Todos soñamos con ser felices. Detrás de esos sueños construimos nuestra existencia: estudio, trabajo, ahorros, viajes, profesión…Y Dios queda a un costado. Nos constituimos en centro y en dueños de nuestras vidas. Vivimos pendientes de nuestras preocupaciones, y según nuestro antojo.

No obstante, no olvides que las personas que están pendientes de sí mismas, que actúan buscando su propia satisfacción… no son felices.

Sólo quien se olvida de sí y se entrega a los demás puede ser feliz, con una felicidad que es preparación y anticipo de la felicidad eterna. Los demás, mientras no aceptemos la voluntad de Dios, seguiremos siendo unos pobres infelices insatisfechos.
Te dejo un fuerte abrazo y agradezco tus visitas a mi sitio y de manera especial, tus comentarios,
 
Pablo Córdoba
Tu amigo escritor